Mark

25 micciones de mi perro durante el paseo del 23 de Octubre de 2019
Fotografías, cartogragías
(proyecto en proceso)
2019


Sueño con el intelectual destructor de evidencias y de universalismos, el que señala e indica las inercias y sujeciones del presente, los puntos débiles, las aperturas, las líneas de fuerza, el que se desplaza incesantemente y no sabe a ciencia cierta donde estará y qué pensará mañana, pues tiene toda la atención en el presente.
    – Michel Foucault 


Perro semihundido (detalle), Francisco de Goya (1819-1823)

            Siempre me ha interesado esta cita de Foucault y creo que encarna muy bien Yeti, mi perro. Adoptado desde el pasado mes de octubre, Yeti es un ejemplar de pastor alemán negro calzado de 9 años de edad y miembro jubilado del cuerpo canino de detección de explosivos de la Guardia Civil. Una auténtica joya pituitaria del que ahora me he hecho responsable.

Admiro su inconsciencia animal que le permite disfrutar de su día a día y evitar proyectar sus preocupaciones al futuro. Asume su naturaleza intrínseca y centra su atención en el presente, donde toda expectativa se detiene y él simplemente es. Así, adopta la actitud vital del rastreador y es capaz de desplazarse con la saludable incertidumbre de aquel que busca incesantemente cualquier cambio diferencial de intensidad o cualquier “línea de fragilidad del presente”. La orina que libera es su firma biológica que confiere información específica a otros canes sobre su sexo, edad, tamaño o incluso, estado de ánimo.

El paseo diario me permite asomarme a su campo de significación –a su mundo circundante, según Von Uexküll– del que soy extranjero y donde las esquinas miccionadas componen una constelación de puntos virtuales que le permiten actualizarse. Son puntos tangenciales, nodos de significación donde su atención se intensifica y su subjetividad se cristaliza. 
Cada paseo supone una lección de la que yo me limito a tomar apuntes y a registrar sus cercos de orina para configurar así una cartografía de su territorio olfativo. En realidad, y de manera irónica, él es el artista de este proyecto, que anula cualquier autoría ególatra contemporánea y me concede a mí el papel de mediador. Un viaje a la deriva donde mi acción estructural es esperar y dejarme llevar. Una escena de “flânnerie” que hoy en día es un acto de rebeldía debido a la popularización de los sistemas de navegación y de los automóviles. Yeti es Dersu y seguir su estela permite disfrazarme del “devenir-animal Deleuziano”, esa idea de un yo como síntesis pasiva y contemplativa que lee las contracciones de fuerzas del presente.




Plano de coordenadas con las micciones de mi perro



40.466084, -3.594364
40.465387, -3.593962
40.463948, -3.594357
40.460835, -3.594456

40.466891, -3.593689
40.466084, -3.594456
40.487045, -3.585677
40.466891, -3.593689

40.461952, -3.594506
40.460479, -3.595397
40.460244, -3.596537
40.460162, -3.596896

40.461424, -3.612219
40.461838, -3.591727
40.459813, -3.590245
40.469144, -3.601961

40.455627, -3.591346
40.478546, -3.582178
40.478847, -3.592345
40.496795, -3.593756

40.492526, -3.601534
40.494387, -3.607842
40.498567, -3.614537
40.499514, -3.6146371

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